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Mi visita al Subway.

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Mi visita al Subway.

La zona en donde vivo pasó de ser un pueblo tranquilo a un lugar atascado de negocios de la más diversa índole: desde lo más pequeño como puede ser una inmunda vulcanizadora, hasta algo más grande como un supermercado o una farmacia del Doctor Simi. Una de las recientes -es decir, en los últimos 4 años- curiosidades  que se han inagurado en mi rústico pueblo es el Subway. Y, por más que asisto a comprar tortas ahí, no me acabo por acostumbrar a la terrible forma en la que se maneja el citado negocio.En realidad, yo sospecho que fue diseñado por un algún chimpancé venido a más.

Recuerdo claramente lo que pensé cuando aquella señorita carente de estética me preguntó sobre el aderezo que debía añadir a mi torta.  El hecho de que a una torta ya se le ponga aderezo y no salsa me hizo pensar que al mundo se lo está llevando el carajo. Confundido ante tal pregunta, pasé mi mano derecha por toda mi cabeza para comprobar que no hubiera alguna cicatriz que delatara el que yo hubiese estado en coma profundo durante 20 años, y que en ese periodo la salsa hubiese sido eliminada por el SME o alguna barbarie de ese calibre.  Yo, sinceramente, no entiendo en qué momento el mundo se vino a joder de fea forma.

El nombre de los “aderezos” vino a complicar aún más la de por sí decadente situación. “Chipotle SouthWest” y “Vinagreta de Vino Tinto” son palabras que no están en mi vocabulario. Por más esfuerzo mental que hice, no pude entender lo qué significaba y no tenía fe en que la señorita pudiese resolver mi duda. Al ver mi cara de imbécil, la joven se apiadó de mi y dijo “se recomienda con ‘x’, ¿está bien?”; a lo que yo, por pudor, respondí afirmativamente. El hecho es de que, hasta la fecha, no tengo la menor idea de lo que es el chipotle southwest, ni la vinagreta de vino tinto, ni “x”.

En mis tiempos, el nombre de la salsa era “verde” o “roja”. Dependiendo de tu humor, escogías una u otra o las mezclabas; no había mayor complicación. Esto aunado a que cada quien tenía la libertad de no ponerle o ponerle la cantidad que deseara, sin tener que depender de quien vende la torta.  Los más versados en las lides de las salsas sabían que había de “chile árbol”, “chile morita” o de “cacahuate”; esto era, por supuesto, superfluo y sólo servía para impresionar muchachas mientras se ligaba un domingo por la tarde en Galerías Coapa. Lo único que habia que saber, según el manual de supervivencia básica,  era que el chile habanero pica exageradamente, que hay que evitarlo a toda costa  y que la única excepción a esta regla es el tener la lengua de cemento, la garganta de lija y el estómago de hule.

Después de lidiar con el multicitado aderezo, la señorita me ofreció, por 10 pesos más, aguacate. Situación que francamente me ofendió y me hizo pensar que la señorita quería aprovecharse de mi estupidez y sacarme el mayor dinero posible. En cualquier tortería de mercado, donde las tortas de huevo están a 12 pesos, el aguacate viene incluido, ¿qué le hizo pensar a esta mujer que yo le iba a dar 10 pesos por ponerle aguacate?

Después de lidiar media hora con este pésimo modelo de negocios, entendí que lo mío no era esto. Vaya, yo no encuentro diferencia alguna entre pan de orégano, ajo o integral; situación que siempre me ha dejado con la duda de que si no trabajan el bolillo normal. Tampoco encuentro diferencia alguna entre caliente y tostado y ver el tablero con los nombres de las tortas me parece excesivamente pedante, cuando en cualquier lugar te ponen Tortas Sandra: Jamón, Salchicha, Milanesa y Huevo. Aquí uno tiene que lidiar con un montón de letras pequeñas que explican lo que significa “Subway Club”.

Otra cosa que me asusta, es el hecho de que todo mide lo que tiene que medir. Para un subway pequeño, 3 rebanadas de jitomate; rebanadas que quedan justas a la medida del pan. El pepino de igual forma. Lo que me hace pensar que esos jitomates, todos ellos del mismo tamaño, son producidos en algún laboratorio carente de ética profesional. La última pifia que cometí fue el sábado, situación que inmediatamente me corrigió mi avergonzado amigo José Luis, al señalarme que el tamaño del Subway grande no es 40 cm, sino 30. ¿No son horribles y mamonas hasta las medidas? Amo la simplicidad.


  1. Un pepito de arrachera con queso.

  2. Un pepito de arrachera con queso. Eso es fresear para mí.

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